El día 28 de octubre se recuerdan los 57 años del fallecimiento de la docente María Espínola, quien fue para toda la educación pública, un ejemplo de vocación, dedicación y entrega permanente.

Hoy la Administración Nacional de Educación Pública (ANEP) recuerda y celebra su destacada trayectoria y el legado que ha dejado en la educación de nuestro país.

Fue defensora de la escuela rural, trabajando por la profesionalización de la carrera docente, tal como destacó el escritor Santín Carlos Rossi:

“María Espínola tiene, por encima de todas las cosas, el culto de la escuela rural”.

Nació el 4 de diciembre de 1878 en la entonces San Isidro de Las Piedras. Hija de padres provenientes de Islas Canarias, se trasladó a los 4 años a San José, donde su padre ejerció la medicina hasta el día de su muerte.

A los 16 años comenzó su camino en la docencia y a partir de 1901 fue maestra rural en la escuela N°1, la que actualmente lleva su nombre.

A partir de 1904 se desempeñó como profesora en el Liceo Departamental, para ocupar luego entre 1916 y 1921 el puesto de Inspectora Departamental de Primaria.

En 1920 logró la fundación de la primera escuela técnica del interior del país, en la ciudad de San José de Mayo.

En 1921 asumió el cargo más alto que alguna vez hubiese ocupado una mujer en la historia de la educación del país, el de integrante del Consejo de Educación Primaria y Normal.

En 1922 publicó su libro “la escuela y el progreso”, en el que reivindicó la importancia de la escuela rural analizando factores tales como la repetición y el rezago escolar, la capacitación y la dignificación del maestro rural.

«A la escuela rural pues, deben ir todos nuestros esfuerzos, pensando que ellos redundarán en beneficio del país. Mientras no haya una buena escuela rural no tendremos sólida y firme nacionalidad.» (Espínola, 1922)

Fuente: ANEP