El Consejo de Educación Inicial y Primaria sostiene que la utilización en las escuelas públicas del velo o “hiyab” no debería generar una polémica acerca de la laicidad, ya que la misma promueve el respeto a las convicciones y creencias de los demás, fomentando en el educando la erradicación a toda forma de intolerancia, tanto religiosa como cultural

PRENSA PRIMARIA

El uso del velo o “hiyab” se ha convertido, en el transcurso de los primeros años del siglo XXI, en un punto clave en relación a la identidad cultural musulmana. De hecho, para muchas mujeres musulmanas que viven en países occidentales, llevar esta prenda les permite mostrarse tal y como son: personas independientes, que pueden interactuar en una sociedad cuyas libertades para trabajar y estudiar estar garantizadas.

En este sentido, en las escuelas públicas, el laicismo no pierde terreno ni queda rezagado por la utilización del velo por parte de niñas musulmanas. Es decir, como bien supo señalarlo una de las grandes intelectuales del siglo XX que tuvo el país, Reina Reyes (1904-1993), la educación laica procura eliminar la imposición de dogmas políticos y religiosos, favoreciendo la duda, cultivando la observación objetiva de la realidad y haciendo posible el pensamiento reflexivo y el juicio crítico del alumno, respetando siempre las características intelectuales y afectivas de cada niño. 

En El derecho a educar y el derecho a la educación, Reyes decía que “la laicidad es un elemento esencial de las democracias instituidas y resulta fácil establecer la similitud entre el contenido de las palabras laicidad y democracia cuando ésta se entiende como forma de vida”. Dicho de otro modo, la escuela pública del Estado democrático ha de ser necesariamente laica. 

Comprometerse con una actitud laica significa reconocer el derecho a pensar y a sentir en uno mismo, pero también en los otros, respetando la situación del otro, para intentar intervenir y solucionar las situaciones adversas. Estos principios serían un buen comienzo para educar en la diversidad, respetando la multiculturalidad y haciendo posible la inclusión y la integración. 

El artículo 8° del Capítulo II de la Ley de Educación 18.437, señala que “El Estado asegurará los derechos de aquellos colectivos minoritarios o en especial situación de vulnerabilidad, con el fin de asegurar la igualdad de oportunidades en el pleno ejercicio del derecho a la educación y su efectiva inclusión social. Para el efectivo cumplimiento del derecho a la educación, las propuestas educativas respetarán las capacidades diferentes y las características individuales de los educandos, de forma de alcanzar el pleno desarrollo de sus potencialidades”, agregándose más adelante, en el artículo 18 del Capítulo IV, que se “estimulará la transformación de los estereotipos discriminatorios por motivos de edad, género, raza, etnia u orientación sexual”.

Vale decir entonces que en las aulas y patios de todas las escuelas públicas del país la laicidad se sostiene por diversos motivos, pero fundamentalmente, porque en la laicidad radica la promoción y garantía de la libertad de pensamiento y de las condiciones para su desarrollo pleno, que permiten a su vez incrementar la capacidad de analizar y elegir. En términos más sencillos, la laicidad es respeto al otro, a las otras ideas y a las distintas visiones del mundo, y esto se vive cotidianamente en las escuelas públicas. 

De hecho, el Programa Escolar del Consejo de Educación Inicial y Primaria (CEIP) incluye, en 3° y 5° año, muchos elementos para que los niños no encuentren en un velo una barrera para la sociabilización, la amistad, el compañerismo y el aprendizaje. El Programa incluye temas como la diversidad de creencias y sus orígenes, el Derecho a la Educación y a la libertad de cultos, y el imaginario social y el papel de los símbolos en las distintas manifestaciones de la diversidad cultural.