Luego de tres décadas, el Programa Educativo de Verano continúa siendo una propuesta educativa innovadora, que extiende el tiempo pedagógico a espacios más descontracturados como las piscinas o campamentos, y que apuesta al aprendizaje a través de lo lúdico, el entretenimiento y la creatividad. 10.000 niños y niñas disfrutaron de la experiencia en la edición pasada y se espera que la cifra se repita para estas vacaciones 2020.

El CEIP lleva adelante el Programa Educativo de Verano (PEV) desde hace 30 años y a lo largo de ese tiempo ha tenido diferentes formatos y acentos, de acuerdo con las necesidades de cada población escolar. En los años ‘90 se denominaba Verano Solidario y funcionaba como una propuesta de esparcimiento, pero con el acento puesto en brindar servicio de alimentación a los escolares de las familias más vulnerables durante el verano. Más tarde, fue concebido como una propuesta que buscaba fortalecer el aprendizaje en el primer ciclo y promover el desarrollo de la lengua oral y escrita. Con el correr de los años el PEV se consolidó como una oferta de calidad educativa que promueve la convivencia y la cooperación con una amplia participación de las familias y organizaciones sociales.

Según el documento 10 claves educativas en el siglo XXI redactado este año por el Consejo de Educación Inicial y Primaria, el PEV representa un modelo de innovación educativa. El programa, que en 2019 transitó por su 29° edición, se desarrolla durante el período de receso estival en el que se ofrece una propuesta que considera tiempos lúdicos de juegos, entretenimiento y creatividad combinados con un trabajo que apunta a la convivencia, a la salud y a los aprendizajes desde otros formatos.

Asimismo, el PEV constituye una extensión del tiempo pedagógico, entendido como condición necesaria para garantizar el derecho a la educación, el fortalecimiento de los centros educativos, sus recursos y su capacidad de gestión. Esta experiencia amplía el tiempo pedagógico a partir de iniciativas de los equipos docentes, que planifican la propuesta educativa para desarrollar en un centro durante las vacaciones de verano.

Para viabilizar las distintas propuestas del PEV, se trabaja de manera coordinada con instituciones públicas y privadas: Ministerio de Educación y Cultura (MEC), Intendencias, Municipios, Administración Nacional de Telecomunicaciones (ANTEL), Instituto del Niño y Adolescente Uruguay (INAU), Unidades Coordinadoras Departamentales de Integración Educativa (UCDIE) y empresas como Tata y Unilever. El objetivo de fortalecer esta red interinstitucional es construir una lectura más rica de los territorios educativos.

A partir de esos apoyos se generan instancias de campamentos, talleres de arte, de lectura o de robótica, actividades acuáticas en piscinas o playas, paseos, huerta, ajedrez, entre otras. Al mismo tiempo, se fortalecen los hábitos y conocimientos que serán potenciadores del siguiente ciclo lectivo, entre ellos la dimensión discursiva, la lógico matemática, las habilidades comunicativas, socio afectivas, la educación artística y la educación física. Asimismo el PEV prevé el desayuno y el almuerzo para los escolares en las diversas instalaciones sedes, siguiendo la consigna de una alimentación saludable.

Por último, es de destacar el trabajo de los distintos colectivos docentes que atienden los centros educativos. Desde la presentación de la propuesta hasta su efectiva ejecución durante los días que dura la experiencia se ha observado el compromiso y el involucramiento, junto con la alegría de la experimentación pedagógica en un tiempo y un espacio descontracturado y diferente del que se observa de marzo a diciembre en las escuelas. En la edición del 2019 participaron más de 120 directores, 210 maestros, 160 profesores y 200 auxiliares.

Cerca de 10.000 niños y niñas (de 120 escuelas de todo el país) disfrutaron los 23 días de la experiencia durante el verano pasado. La nueva edición del Programa Educativo de Verano se lanzará oficialmente a mediados del próximo diciembre, comenzará el 7 de enero y tendrá su cierre el 8 de febrero del 2020.

Bajo la idea de que en vacaciones también se aprende, los niños y niñas viven un verano en el que incorporan saberes y disfrutan al mismo tiempo, compartiendo experiencias que luego se transformarán en historias para contar a sus amigos y familia.